Alberto Vieyra: Hartazgo social



“No está lejos el día en que los trabajadores y el pobre pueblo de México vayan a las tiendas, tomen lo que quieran y paguen lo que puedan”.

Hace tres décadas, el entonces dirigente cetemista y ex gobernador de Nayarit, Rigoberto Ochoa Zaragoza, conocido en el bajo mundo de la mafia política como Rigolepero, hizo tal declaración a este átomo de la comunicación, que provocó gran revuelo en las cúpulas del poder económico y político de México.

Y sabe qué, ese día ya llegó.

La profética declaración tardaría tres décadas para movilizar a un pueblo hambriento y con un hartazgo monumental de una clase política insensible a las demandas populares y con políticas públicas draconianas, como el gasolinazo, que hoy une a México, pero en contra del gobierno, y amenaza con estallidos sociales y saqueos comerciales.

Momento peligroso para la nación mexicana.

Desde Chiapas hasta la Baja California, la gente sigue en pie de guerra. El hartazgo social se siente cuando a coro la gente exige que Enrique Peña Nieto renuncie, mientras éste y los personeros en su gobierno buscan justificar demagógicamente lo injustificable.

Para atenuar el hartazgo social y evitar que México ardiera, el régimen peñista se sacó de la chistera un pacto económico que nadie respeta.

Por ejemplo, los pulpos camioneros y demás permisionarios hacen su ley y ponen sus precios. La tortilla, base de la alimentación de los mexicanos, está en 18 pesos el kilo. Los hambreadores de México y el extranjero reetiquetan todo sin que haya gobierno que ponga orden en tantísimo desorden. El pobre pueblo de México recibe incontables puñaladas en el bolsillo todos los días mientras una insensible y raterilla clase política se blinda con vales de gasolina, aguinaldos y seguros de vida millonarios. Y para colmo, el peso sigue siendo tragado por un voraz dólar, que ha propiciado una devaluación de nuestra moneda del orden de casi un 80 por ciento. Habrá carísimas facturas electorales para el partido gobernante en el 2018.

El hartazgo social es mayúsculo.

Con el inicio del año, la refinería de Salamanca, Guanajuato, donde se procesaba gasolina diésel y turbosina para los aviones, cerró, porque la tónica es quebrar a la industria petrolera mexicana para entregarla al imperio capitalista del mal.

Ahora mismo se anuncia que México importará por la vía del ferrocarril, que Ernesto Zedillo entregó a empresas canadienses, el primer cargamento de diésel.

Se arruinó a la petroquímica básica y secundaria. Ahora, México depende en materia energética íntegramente de EEUU y China. Qué peligroso, estamos ante un asunto de seguridad nacional.

En el momento que se le dé la gana a esa bestia salvaje del capitalismo paralizará a México con el desabasto de energéticos.

De ese tamaño es el error histórico cometido por los vendepatrias gobernantes mexicanos, que desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto hicieron hasta lo imposible para entregar a los buitres extranjeros del petróleo, el oro negro mexicano.

¿Si después de que los nefastos gobernantes argentinos vendieron todo al capitalismo salvaje y sólo les quedó ofrecer prostitutas y futbolistas, qué camino le quedará a México?



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