Alberto Vieyra: Una declaración de guerra contra México



Donald Trump declara la guerra a México. Urge un reposicionamiento del nacionalismo mexicano.

Porque, mire usted, tras la infame guerra México-estadounidense, entre 1847-1848, la nación azteca sería descuartizada por Los Halcones de Washington y unos vendepatrias gobernantes mexicanos, quienes a los pies de la virgen del Tepeyac firmaron los Tratados de Guadalupe Hidalgo, el 2 de febrero de 1848, mediante los cuales, los gorilas del Norte se apropiaban de 2 millones 547 mil 242 kilómetros cuadrados, el 62 por ciento de nuestro territorio original.

“Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de EEUU”, era la frase de Sebastián Lerdo de Tejada con la cual el archicondecorado José de la Cruz Porfirio Díaz Mori definía la ponzoñosa y difícil vecindad de México con el policía del mundo con garrote.

A Porfirio Díaz le faltó decir que esa vecindad de malos amigos era un infierno, como quien duerme en una cama con chinches.

Los fascistas y fundamentalistas gringos, que históricamente odian a México, tienen muy claro que la migración mexicana hacia EEUU, estimada en un millón de personas anuales en la última década, ha provocado una silenciosa reconquista de los territorios que pertenecieron a México desde Texas hasta la alta California, incluso ha habido acciones separatistas de algunos de esos estados.

Ese es el meollo del asunto. Ese es el hipo del fundamentalista republicano Donald Trump, quien apenas se convirtió en el presidente número 45 de los EEUU y lo primero que hizo fue lanzar una declaración de guerra contra México para hacer realidad una emblemática promesa electoral: construir el muro a lo largo de los 3 mil 180 kilómetros de frontera con nuestra nación.

Con muro ya no habrá reconquista de los territorios que pertenecieron a los mexicanos, a menos que algún día tengamos gobernantes con muchas cosas de varón que sean capaces de hacer lo que hizo Alemania, derribar el Muro de Berlín.

Mentira de que la migración mexicana o “la basura del mundo” sea un peligro para la seguridad nacional de los yunaites. Tampoco lo es el negocio de las drogas. No, ése seguirá por aire, a bordo de los aviones de la fuerza aérea norteamericana o mexicana, por barcos, submarinos, etc., puesto que el mercado de las drogas más gigantesco del mundo está en EEUU, con más de 40 millones de narcodependientes. Ése es el negocio del siglo de los sinvergüenzas gobernantes norteamericanos y mexicanos.

No, no son los indocumentados. Esa mano de obra tan apreciada y calificada en Norteamérica ha sido pilar para su economía. A las empresas agrícolas y de todo tipo les conviene pagar mano de obra barata, por eso esconden a indocumentados de la migra.

Sí, Trump ya firmó la declaración de guerra contra México, el decreto para reforzar la frontera, la construcción del muro, fundamentado bajo la falaz mentira de que la inmigración provoca inseguridad y crimen en Estados Unidos.

Pero lo que es peor, el maldito muro racista podría costar hasta 20 mil millones de dólares, y según Trump, México los pagará “de una manera u otra”.

¿Cómo? ¿A través de impuestos a las remesas y altos aranceles a productos hechos en México?

Pero yo me pregunto, ¿ante esta infame agresión de EEUU a México, los gobernantes en turno se quedarán con los brazos cruzados? ¿Se empinarán ante Trump con su singular cinturita de mantequilla? ¿La declaración de guerra de Trump solidarizará a los mexicanos como uno solo para combatir al demoniaco gringo, o seguiremos siendo un pueblo solitario?



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