El TLCAN tiembla, el muro va. Tocan remesas: Trump dañaría a los más pobres, los olvidados por Méxic


El Presidente Enrique Peña Nieto y el Canciller Luis Videgaray Caso lo han dicho: en las negociaciones con el Presidente Donald Trump se insistirá en que se garantice el libre flujo de remesas. Y como sucedió en el momento en que el TLCAN comenzó a tambalearse, en México se observan las consecuencias de lo que se dejó de hacer por años; no se trabajó en políticas económicas integrales, que hoy pudieran tener al país en una situación diferente, de menos desventaja.

El republicano prometió, durante su campaña por la Presidencia, frenar las remesas si México no paga la construcción de un muro en la frontera entre ambos países y ha exigido también un pago único de entre 5 mil a 10 mil millones de dólares. El ahora Presidente puede imponer una restricción total o una cuota al envío de dinero de los connacionales. Se trataría de una medida que restringiría los flujos financieros con fines expropiatorios.

En México, los afectados serían, de manera directa, 4.1 por ciento de los hogares dependientes de remesas. Mientras, a nivel nacional, este ingreso representa el 2.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), de acuerdo con BBVA Research, lo que significa una dependencia que no se observaba desde el año 2008.

Y las dudas surgen: ¿cómo defender las remesas cuando Trump parece no escuchar a México, y ante su propósito de continuar con la política migratoria histórica de deportaciones y redadas?

México está entre los países con el mayor número de emigrantes, es el segundo a nivel mundial con 12.3 millones en 2015, superado únicamente por la India, cuya cifra es de 15.6 millones.

La migración mexicana se ha concentrado en Estados Unidos.

Nuestro país es el cuarto receptor de remesas a nivel mundial, superado por India, China y Filipinas. En 2015, 95.6 por ciento de las remesas a México provinieron del vecino del norte; el 97.5 por ciento se enviaron por transferencia electrónica y 36.3 por ciento se pagaron a través de bancos, de acuerdo con el Anuario de Migración y Remesas 2016 elaborado por BBVA.

Los mexicanos que radican en Estados Unidos envían cerca de 25 mil millones de dólares anuales por jornadas laborales de entre 35 y 44 horas semanales; gastan el 87 por ciento de su salario en la economía estadounidense y envían en promedio 317 dólares mensuales, según estimaciones del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA).

Para académicos consultados por SinEmbargo, el que Trump arremeta en el futuro contra las remesas hará evidente que tareas como educación, alimentación y vivienda, principalmente en 10 entidades del país, el Estado las dejó en manos de los migrantes que se fueron a trabajar a Estados Unidos. Y ahora, ante su posible retorno, regresarán a lo mismo por lo que se fueron: a la pobreza y a la falta de oportunidades.

Coincidieron en que la preocupación de que el discurso de Trump se haga realidad también en este tema radica en que las y los trabajadores migrantes fueron los que combatieron la pobreza en zonas, y en el riesgo latente que corre el dinero que se recibe de allá.

Sin remesas, los motores económicos de México estarían en crisis. Éstas son la tercera fuente de divisas del país, en febrero de 2016 superaron los ingresos por exportaciones petroleras y las cifras de Inversión Extranjera Directa (IED).

En los últimos tres años, los índices de remesas han tenido pocas variaciones. En 2014, el Banco de México (Banxico) reportó que dichos ingresos fueron de 31 mil 329 millones 103 mil 33 pesos aproximadamente. El dinero ingresó al país bajo el concepto de money orders, en efectivo y especie y, principalmente, por transferencias electrónicas. En 2013, las cantidad de remesas entrantes a México fueron equivalentes al PIB de Querétaro, lo que puso al país en el cuarto lugar a nivel mundial como receptor de remesas.

Sin embargo, por las condiciones económicas de los receptores, el 90 por ciento de esos recursos se destinó a la compra de alimentos, vivienda y sólo el 3 por ciento a proyectos productivos.

Este flujo de efectivo es una de las principales fuentes de financiamiento de las familias de los migrantes y en algunos casos, el total de los ingresos familiares.


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