Alberto Vieyra: Ojo por ojo y diente por diente



La expresión “ojo por ojo, diente por diente” surgió en la antigüedad donde la justicia era aplicada por mano propia.

Sí, se trata de una máxima del refranero popular mexicano cuando se habla de venganza, con el fin de causar el mismo daño que el individuo recibió.

Fieles a esta máxima, los mexicanos, a través de sus gobernantes e individualmente, debemos aplicársela a los tiranos, como Donald Trump, que arbitrariamente impone sus leyes trumpianas contra México.

Si él amenaza con construir el muro, terminar la era del Tratado de Libre Comercio -TLC- y las agresiones que se acumulen, lógico responder ojo por ojo y diente por diente.

Y en ese ojo por ojo y diente por diente está hacer lo que ya hizo la India, echar de sus tierras a las transnacionales de las aguas negras del capitalismo, Coca-Cola y Pepsi-Cola.

Sí, darle una patada a los cocaculeros, la tiránica Walmart y demás transnacionales que se mandan solas y explotan a trabajadores mexicanos, como si estuviéramos en tiempos del porfiriato, y de pilón no pagan impuestos.

No es posible que si Trump da una trumpada al pueblo mexicano, Enrique Peña Nieto ponga la otra mejilla.

Bien por nuestro presidente de haber contestado con una bofetada al hablador y lunático presidente gringo al cancelarle su visita a la Casa Blanca, después de que éste amenazó con que “si México no está dispuesto a pagar el muro, es mejor cancelar el encuentro”.

Peña Nieto se fajó, después del error histórico de haber recibido en Los Pinos a un enemigo de los mexicanos. Hacía muchos años que los mexicanos esperábamos ver a un gobernante contestatario y no de rodillas a Washington.

Trump ha declarado la guerra a los mexicanos. Ahora lo que México tiene que hacer es romper de tajo relaciones diplomáticas con ese gobierno tirano y esperar a que llegue al Salón Oval un ciudadano o ciudadana sensatos, que no estén locos, para reanudar nuestras relaciones amistosas.

A Trump le valen maracas tratados comerciales, la ortodoxia de la diplomacia, los cánones o las reglas de oro no escritas de la buena vecindad y de las relaciones bilaterales entre EEUU y México.

La única manera de que los Founding Fathers desaparezcan a Trump de la escena política y mundial es muy simple, mandarlo a chiflar a su mouser, porque está trastocando los intereses económicos de los hombres más poderosos del mundo, entre los que figuran los Rockefeller, buitres del petróleo y las aguas negras del imperialismo; o los Walton, la familia más rica del mundo dueña de Walmart.

Lo que hace Trump es unir a México, pero en su contra. Todo lo que haga ese tirano beneficia a la nación azteca. Recomponer esa relación bilateral llevará mucho tiempo.

Si Peña Nieto actúa en defensa de los supremos intereses de los mexicanos se irá políticamente a los cuernos de la Luna. Pero además, si Peña Nieto demuestra que tiene cosas de varón y dientes, su partido, el PRI, será el ganador en las elecciones presidenciales del 2018, en las que, por cierto, y quizá por primera vez, desde 1940, los Halcones de Washington no metan sus narices en la próxima sucesión presidencial de México.

¿Dejará escapar esa oportunidad?



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