La violencia cuesta al país 1.92% del PIB, y a cada mexicano se le esfuman 344.95 dólares al año


El crimen y la violencia cuestan a América Latina y el Caribe al menos 261 mil millones de dólares al año, o el 3.5 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), estimó el Banco Interamericano de Desarrollo.

En su análisis sobre 17 países del continente entre 2010 y 2014, el ente financiero concluyó que el impacto del crimen se acerca a una crisis porque la región tiene el 9 por ciento de la población mundial, pero registra un tercio de las víctimas de homicidios a nivel global. El organismo multilateral además subrayó que el crimen aumentó durante la última década pese a que la región alcanzó tasas de crecimiento anual cercanas al 4 por ciento y redujo considerablemente la tasa de pobreza.

El estudio titulado “El crimen y sus costos: nueva evidencia y hallazgos en América Latina y el Caribe” analizó a Honduras, el Salvador, Bahamas, Jamaica, Brasil, Trinidad y Tobago, Costa Rica, Paraguay, Ecuador, Colombia, Argentina, Guatemala, Perú, Chile, Barbados, Uruguay y México e incluyó en el total a los costos sociales generados por las víctimas, los ingresos cesantes de la población carcelaria, los gastos de hogares y empresas en seguridad y la inversión gubernamental en policías y cárceles.

El reporte estableció que el costo oscila de manera sustancial entre los 17 países analizados, desde el 6 por ciento del PIB que asumen Honduras y El Salvador hasta el 2 por ciento que afronta México.

LAS CIFRAS DE MÉXICO

Los datos más recientes que retoma el estudio son de 2014 y en ellos el organismo internacional detalló que el crimen le costó a México el 1.92 por ciento de su PIB.

Los gastos generados por los homicidios fueron del 0.36 por ciento del mismo. Mientras que aportó el 19 por ciento del total de este tipo de crímenes en América Latina y el Caribe, sólo por debajo de Brasil que sumó el 52 por ciento.

En lo que respecta al gasto salarial del sector de seguridad privada de México, se usó el 0.09 por ciento del PIB.

En cuanto a los costos relacionados con el crimen en México en 2014 fueron de 344.95 dólares per capita, este gasto incluye pérdida de la calidad de vida por homicidios y otros delitos violentos y los ingresos perdidos (no generados) de la población penitenciaria.

El gasto público en las áreas que tienen que ver con la prevención y control del crimen, como encarcelamiento y privación de la libertad, México usó un equivalente al 0.22 por ciento de la medida de crecimiento..

“El crimen ha llegado a niveles alarmantes en muchos países”, dijo Ana María Rodríguez, gerente del Departamento de Instituciones para el Desarrollo del BID. “El estudio facilitará una mejor asignación de recursos por parte de los gobiernos y las agencias multilaterales de cooperación, así como el diseño de mejores políticas para controlar y prevenir el crimen”.

La economista Laura Jaitman, editora del reporte, dijo a periodistas que la ausencia de información oficial sobre gasto público en seguridad impidió incluir en el estudio a Venezuela, uno de los países más violentos del mundo. Jaitman admitió que de haber incluido a esta nación, el costo promedio de crimen para la región “probablemente subiría”.

El BID es una de las principales fuentes de financiamiento a largo plazo para proyectos de desarrollo en el continente.

El BID calculó que el 3.5 por ciento del PIB duplicó el costo promedio del crimen para los países desarrollados y que si la región acercara sus costos del crimen al nivel de economías maduras, podría aumentar su inversión infraestructura en 50 por ciento.

Estos costes se enmarcan en un momento especialmente complicado para la economía latinoamericana, que viene de registrar dos años consecutivos de recesión y espera solo un leve repunte en 2017.

Los expertos advierten, no obstante, de que no se trata “de gastar más sino de gastar mejor” y llevar a cabo “políticas públicas informadas” para reducir la violencia.

Por ejemplo, el reporte destaca que los países que más invierten en cárceles no necesariamente se benefician de menos delincuencia, como es el caso de Bahamas o El Salvador, que gastan mucho en sus sistemas penitenciarios y, sin embargo, sufren elevadas tasas de violencia.

Mientras, Argentina y Uruguay, que cuentan con menores niveles de encarcelamiento, registran unas tasas de criminalidad menores.


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