Trump puso a Europa en guardia



Pocos días antes de tomar protesta como el 45 presidente de Estados Unidos, a Donald Trump le preguntaron: ¿En quién confía más, en el presidente ruso Vladimir Putin o en la canciller alemana Angela Merkel?

Cualquier otro político estadunidense, sin importar su afiliación partidista, habría elegido —sin dudar— a la líder de Alemania, la mayor economía de Europa e histórica aliada de EU, sobre el autoritario mandatario de Rusia, hasta hace muy poco, el principal adversario yanqui. Pero no Trump.

“Bueno, empiezo confiando en ambos, pero veamos cuánto dura eso”, respondió en la entrevista con medios europeos. A esta respuesta se sumaron más sentencias sobre su particular visión de Europa: El Brexit será “un éxito”. “Otros países van a dejar la Unión Europea”. La OTAN es un organismo “obsoleto”. Merkel “cometió un error catastrófico” al abrir las puertas de su país a los refugiados...

ROMPER EL MOLDE

La amenaza Trump puso a Europa en guardia. Y sus opiniones anticipan que su plan es romper el molde de las relaciones que Estados Unidos ha mantenido con Europa en los últimos 70 años, pero aún queda por ver hasta qué punto.

Según Elisabeth Johansson-Nogués, investigadora del Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI) “todavía es demasiado pronto para predecir si las ideas de Trump en el terreno de la política exterior se llevarán a la práctica”.

No obstante, las señales que ha lanzado hasta el momento —comenta a Excélsior— parecen mostrar que “le gustaría echar a perder” una de las relaciones geopolíticas más importantes desde el final de la Segunda Guerra Mundial

Sólo han bastado algunas semanas de gobierno de Trump para saber que se avecinan fuertes cambios en la agenda geopolítica entre Estados Unidos y Europa y que los lazos económicos, ideológicos e institucionales han comenzado ya a ponerse a prueba desde ambos lados del Atlántico.

AMENAZA EXTERNA

En el seno de la Unión Europea algunos de sus dirigentes han mostrado su preocupación. El primero fue el polaco Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, que consideró que el nuevo gobierno de Trump es una de “las amenazas” externas que pesan sobre la UE, al mismo nivel que el yihadismo, China y Rusia. Aunque días después matizó su ataque: “Quizá no sea una amenaza sino un desafío”.

También la Eurocámara lanzó un duro mensaje a Trump y rechazó a su candidato a ocupar la embajada estadunidense ante la UE, Ted Malloch, por su antieuropeísmo declarado. “El euro puede colapsar en un año o año y medio”, dijo recientemente en la televisora pública británica BBC.

SIN POSICIÓN COMÚN

Pero la unanimidad del parlamento europeo no se ha traducido, de momento, en una posición común entre los 28 socios de la UE y “encontrar una voz única no va a ser nada sencillo”, comentan fuentes diplomáticas. En lo que todos sí parecen estar de acuerdo es que ninguno se siente cómodo con el fondo ni la forma del discurso de Trump, pero cada uno defiende una respuesta y un tono diferente.

De momento Francia ha sido el país más duro en su réplica. El presidente francés, François Hollande, ha tomado el papel menos condescendiente, en parte por la relación históricamente difícil con el “amigo americano” y en parte porque Trump se perfila como el aliado de la líder de extrema derecha, Marine Le Pen, que tiene serias posibilidades de pasar a una segunda vuelta en las próximas elecciones presidenciales de Francia.

La canciller alemana, Angela Merkel, por su parte, se ha mantenido en una actitud más prudente, en una especie de tensa calma, dispuesta a responder, pero sólo si sufre algún ataque directo.

ESPAÑA, TIBIEZA

En un tercer grupo, en el de los países que prefieren la tibieza, está España (que ha defendido actuar “con serenidad y sin precipitaciones”), Italia o Polonia, que son más partidarios de amoldarse a la nueva administración Trump y así poder mantener una relación que es esencial.

Según Johansson-Nogués, el buen funcionamiento de la añeja relación transatlántica se ha edificado sobre dos pilares básicos: “los fuertes lazos comerciales de mutuo beneficio y la garantía de seguridad europea a través de la OTAN”.

Pero con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca parece que ambos pilares flaquean. La relación comercial y de inversión entre Estados Unidos y la UE es una de las más importantes en la economía global. El valor total del comercio bilateral supera en la actualidad los 620 mil millones de euros, según la Dirección General de Comercio de la Comisión Europea, a fecha de noviembre de 2016.

También la política de seguridad podría verse amenazada a la vista del desprecio que Trump ha manifestado hacia la OTAN. Hay expertos como el analista de la American Academy en Berlín, Jan Techau, que opinan que “por primera vez desde 1949, Europa podría no contar con Estados Unidos para garantizar su seguridad”. Y esto provocaría “la ruptura del orden global surgido de la Segunda Guerra Mundial”.

SINTONÍA CON RUSIA

Otro de los grandes escollos que se vislumbran en el horizonte en la relación entre el gobierno de Estados Unidos y Europa es la intención manifiesta de Trump de congeniar con la Rusia de Vladimir Putin.

Esta aparente buena sintonía “podría ejercer presión política sobre Europa para echarse atrás sobre temas como la solución del conflicto en Siria, el acuerdo nuclear con Irán, o las sanciones europeas impuestas a Rusia por su violación del territorio de Ucrania”, explica Johansson-Nogués.

Y es que, al parecer, la nueva “buena” relación entre Putin y Trump ya ha dado sus frutos. Los combates en el Este de Ucrania se han avivado después del primer diálogo telefónico entre los presidentes. Unos enfrentamientos militares que ayudan a que Rusia muestre su músculo frente a una frágil e impotente Unión Europea.

2017, UN AÑO CRUCIAL

No hay duda de que Europa afronta un 2017 crucial. Es justo el año en el que celebra el 60 aniversario de la firma del tratado de Roma —los acuerdos que dieron origen a la Unión Europea en 1957—. A esta conmemoración se suman las negociaciones, previsiblemente complicadas y espinosas, sobre la salida del Reino Unido. Y por si fuera poco, Europa vivirá unas trascendentales elecciones presidenciales en Francia, Holanda, Alemania, con el populismo, la extrema derecha y el euroescepticismo al acecho.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca es un Presidente que simpatiza con los eurófobos, que alaba el Brexit, que alienta la división europea y alimenta la tensión transa-

tlántica. Estados Unidos, el tradicional socio europeo, es hoy fuente de desasosiego en el Viejo Continente.

“A veces da la impresión de que la nueva Administración (de EU) no conoce la Unión Europea a detalle, pero en Europa los detalles cuentan”, ha dicho el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en alusión a los recientes comentarios que Trump ha hecho sobre Europa.

¿UNIÓN? EUROPEA

Hace unos días los 28 integrantes del club europeo se reunieron en Malta para debatir sobre la inmigración irregular que llega desde Libia, pero la sombra de Donald Trump sobrevoló la cumbre: “Debemos enfriar los ánimos y mostrar unidad”, fue el mensaje que se quiso dar respecto a Trump.

La investigadora del IBEI cree que la estrategia que se tomará desde la UE para hacer frente al huracán Trump es “más integración, más cohesión interna”, pero eso no garantiza que se consiga una “voz única”. En la Unión Europea es justamente la unidad uno de los valores más difíciles de encontrar. Aunque los analistas consideran que es probable que Donald Trump, sin pretenderlo, se convierta en un incentivo para que el proyecto europeo encuentre eso que tanta falta le hace: unidad.

La Unión Europea se enfrenta ahora a un escenario plagado de amenazas en un año que celebra seis décadas de su nacimiento. Y lo tendrá que hacer intentando que la hostilidad que llega del otro lado del Atlántico no le estropee el festejo.


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