La vida sin Bernie



El paddock de la Fórmula Uno nunca será el mismo. Muchos dirían que Bernie Ecclestone estaría dispuesto a venderle su alma al diablo contar de aumentar su cuenta bancaria. Su andar por el paddock no pasaba desapercibido, siempre había un periodista o un fan acechándolo, paseaba junto a un magnate, una celebridad, jefes de estado o miembros de la realeza. Su poderío fue innegable, como innegable es reconocer que sin Bernie, la Fórmula Uno no sería lo que es hoy en día: un imperio de 8 mil millones de dólares. Pero nada es para siempre, ni siquiera el británico de 86 años de edad, quien dedicó más de la mitad de ellos a la F1. Bernie fue "derrocado" de su propio imperio. "Fui removido del puesto, simplemente me voy", dijo Ecclestone hace unos días al darse a conocer que el grupo Liberty Media completó la adquisición de la categoría. El camino de "Mr. E" inició hace más de medio siglo; junto a la propia F1. Arrancó como mánager, luego en los 70 se convirtió en propietario del equipo Brabham, y 20 años más tarde se hizo de los derechos comerciales de la F1. Max Mosley, entonces presidente de la FIA, se encargó de dar cada vez más poder a Ecclestone. El trabajo de Bernie fue exitoso, convirtió al deporte en una máquina de hacer dinero, mientras él se volvió uno de los personajes más poderosos e influyentes del deporte mundial. De apariencia introvertida, amable, pero frío, Ecclestone fue un aniquilador en los negocios, pero su mandato se tornó en dictadura, en la que lógicamente él era el principal beneficiado. La llegada del nuevo siglo atrapó a Ecclestone. Indispuesto a innovar y adaptarse a los tiempos de la tecnología, las redes sociales y a las necesidades de los equipos y aficionados. Bernie fue sustituido por Chase Carey, el hombre en quien el magnate de la comunicación, Rupert Murdock, puso en manos el emporio de News Corp, que entre otras cosas es propietaria del New York Times y de Fox. Ecclestone acrecentó su cuenta bancaria y la de la F1, pero ésta se fue hizo más elitista, alejada de los fans, insostenible para los promotores de los Grandes Premios y cada vez más injusta para los equipos modestos de la parrilla. Su esencia se ha ido perdiendo en aras de las nuevas tecnologías, llevándola a países exóticos sin importar que tradicionales pistas europeas se fueran quedando en el camino. Hoy, Carey, así como Sean Bratches, quien se encargará del aspecto comercial, y un viejo conocido de la afición: Ross Brawn, quien estará a cargo de lo deportivo, afrontarán el reto de darle la vuelta a las cosas. ¿F1 al estilo americano? ¿La Fórmula Uno debería parecerse más al Súper Tazón? Imposible comparar un deporte con otro, pero el modelo de negocios en el deporte al “estilo americano”, podría catapultar a la categoría a nuevas alturas. “La forma en la que la F1 se maneja no es lo suficientemente buena en este momento. El Súper Tazón, los eventos que los estadounidenses hacen, el show que ellos arman es mucho, mucho mejor”, dijo hace algunas semanas, Lewis Hamilton a la revista Time. Los deseos de Hamilton podrían cristalizarse. La adquisición de la F1 por parte del grupo estadounidense Liberty Media supone una manera de hacer negocios y de montar espectáculos deportivos tal y como ocurre en ligas de EU. Con Bernie Ecclestone al frente su visión se limitó a generar dinero. Pero hoy menos público asiste a los autódromos y menos televisiones se encienden para ver las carreras. Según F1 Money la F1 perdió 200 millones de televidentes del 2008 a la fecha, pasando de 600 millones a 400 millones. Motores silenciosos, carreras poco competitivas, rebases artificiales y la incapacidad de los pilotos de ir al límite constante por cuidar llantas o combustible, han mermado el show. Uno que además no permite que un video sea colocado en YouTube, por mencionar un ejemplo, por los derechos de Formula One Management (FOM), empresa que Bernie creo para controlar la categoría. “Tenemos 21 carreras. Deberíamos tener 21 Súper Tazones. Deberían ser festividades de una semana, con entretenimiento y música, eventos que atrapen a toda la ciudad”, mencionó Chasey Carey, el nuevo CEO de la F1 al diario Financial Times. Más allá de la “extravaganza” de imitar lo que un Súper Tazón hace por una ciudad, la nueva F1 también podría implementar medidas existentes en la NFL para elevar el nivel de la competencia y asegurar la permanencia de los equipos en la parrilla. La distribución equitativa de las ganancias generadas por contratos de publicidad y contratos de TV es algo inexistente, pese a que los equipos modestos lo han exigido. Las escuderías poderosas son renuentes a ello. Ferrari, por ejemplo, recibe 100 millones de dólares, sólo por el hecho de estar en la parrilla. Esto será uno de los problemas a resolver de inmediato, pues en 2020 expira el contrato que mantiene a las escuderías en la categoría. Será complicado ver cambios inmediatos, pero el grupo que encabeza Carey, ha dicho que habrá paciencia e inversiones para acercar más la F1 a los aficionados de la era digital y mantener las carreras clásicas.


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