México tiembla ante Trump por su dependencia a EU y ahora un Plan B, sin TLCAN, es un parto forzado


Si México hubiera diversificado su mercado de exportaciones en el pasado, su historia hoy sería diferente. Frente a un posible cambio en el mapa del comercio mundial, que se está inclinando hacia el proteccionismo y a los tratados bilaterales, el país deberá tocar puerta por puerta con otros países para negociar y ofrecer los bienes producidos en sectores como la manufactura, la energía o la minería.

México cuenta con una red de 12 Tratados de Libre Comercio con 46 países; 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones con 33 países, y nueve acuerdos más en la Asociación Latinoamericana de Integración.

Pero la relación comercial entre México y Estados Unidos, generada gracias al libre flujo por más de dos décadas, vale 1 millón de dólares por minuto, o 580 mil millones de dólares al año. Por lo tanto, la sola posible desaparición del Tratado de Libre Comercio con América Latina (TLCAN) traería consigo toda una serie de retos que tendrán que afrontarse de manera “casi inmediata” para poder sobrevivir a la tormenta económica provocada por la decisión promovida por el Presidente Donald Trump, dijeron economistas.

El TLCAN pende de un hilo. Los analistas consultados coincidieron en que la alternativa para el país es acudir a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y reorientar los destinos del 80 por ciento de exportaciones que actualmente dirige a Estados Unidos.

Sin embargo, detectaron dos problemas principales: los consumidores mexicanos no podrán absorber la demanda de parte de los productos ante el alto nivel de pobreza en el país y, segundo, las naciones que miran a México lo hacen por su mano de obra barata y su función de puente hacia Estados Unidos, su principal objetivo.

Mientras se dan los tiempos reglamentarios para que Wilbur Ross, dirigente del Departamento de Comercio de Estados Unidos, y autoridades mexicanas se sienten a revisar el TLCAN, México negocia ya posibles acuerdos de libre comercio con Australia, Brunei, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam, adelantó el Secretario de Economía, Ildelfonso Guajardo.

Pero ninguno de esos países podrá absorber por sí mismo el 80 por ciento de las exportaciones como lo ha hecho Estados Unidos, la primera potencia mundial.

El proceso será largo. Hasta el momento, la alta dependencia comercial con Estados Unidos sólo se ha reducido un 8 por ciento en 17 años, al pasar de un 88.7 por ciento de exportaciones destinadas al vecino del norte a un 81 por ciento en 2017, con base en cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Aunque si se toma en cuenta sólo las cifras de la actual administración, desde el 2013 la tendencia a la baja se revirtió y pasó de 78.6 por ciento a 81 por ciento en 2016.

Durante el tiempo que tardaría la diversificación y en el que se generan políticas públicas para el desarrollo del mercado doméstico, México quedaría inmerso en una fuerte crisis que tendrá un alto costo social. Jesús Amador Díaz, economista de la Universidad Iberoamericana, visualizó: pérdida de inversión extranjera, pérdida de empleos, depreciación del peso y crecimiento de los niveles inflacionarios.

AFRONTAR LO QUE NO SE HIZO

Luis Enrique Zavala Gallegos, director Ejecutivo de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM), aseguró que los artífices del TLCAN “jamás pensaron que fuera a ser denunciado”, porque Estados Unidos se ha beneficiado con grandes empresas exportadoras que están en territorio mexicano y son estadounidenses.

Pero ahora, ante el acta de defunción del acuerdo, Zavala Gallegos pide a la administración actual afrontar lo que no hicieron las pasadas y propone una política industrial para equilibrar las fuentes de crecimiento.


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