Alberto Vieyra: El Waterloo de Trump



El 22 de noviembre de 1963, el presidente demócrata más joven de EU, John F Kennedy sería asesinado en Texas. Se convertía en el cuarto presidente norteamericano en ser asesinado. Fue un crimen de estado. Gozaba de una terrible impopularidad por la invasión a Bahía de Cochinos que desató la crisis de los misiles con Cuba, y había impulsado la carrera espacial e iniciado la construcción del muro de Berlín y por si fuera poco, no andaba bien con la mafia norteamericana que le había enviado como regalo a Marilyn Monroe.

El presidente Kennedy murió asesinado el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas, ese crimen estremecería a los EU y al mundo.

Una década después, se produciría un trepidante asunto político y policiaco conocido por la opinión pública mundial como el escándalo Watergate. Que obligaría al republicano Richard M. Nixon a renunciar, convirtiéndose en el primer presidente que abandonaba su cargo vergonzosamente por un escándalo de espionaje el 9 de agosto de 1974 .

Todo comenzó cuando cinco individuos de los servicios de inteligencia norteamericana robaron documentos en el complejo de oficinas Watergate del Partido Demócrata de Washington D. C. Un informador anónimo que se identificó como garganta profunda pasaría corriente al diario de Washington Post para que dos de sus reporteros investigaran el caso.

32 años después se sabría que aquél pseudónimo era usado por el número dos del FBI William Mark Felt.

Ese siniestro personaje revelaría al rotativo que Nixon poseía una gran cantidad de cintas grabadas secretamente en la Casa Blanca que revelaban sus nexos con los contras nicaragüenses y su apoyo económico a grupos extremistas en el medio oriente.

La corte gringa obligaría a Nixon a entregar las grabaciones. Ante las evidencias, no tuvo más que renunciar, pero su sucesor, Gerald Ford le concedió el indulto sobre cualquier delito. Más de 40 funcionarios del gobierno de Nixon fueron llevados a prisión.

Pero ¿Por qué hago historia? Mire usted

43 años después, el inquilino número 45 de la Casa Blanca, Donald Trump con una impopularidad jamás vista a nivel mundial podría estar ante su Waterloo. El lunático Donald Trump enfrenta ya su primer escándalo político interno que lo obligó a despedir a su asesor de seguridad nacional Michael Flynn acusado de conspiración con Rusia en contra del Presidente Barak Obama.

Este angelito mantuvo conversaciones ultra secretas con el embajador ruso para evitar que las sanciones impuestas por el régimen de Obama al Kremlin por espiar las elecciones norteamericanas fuesen puestas en práctica y que el régimen de Donald Trump las ignorara. Ardió Troya. Toda la perrada gringa se le echó encima a Trump y Michael Flynn tuvo que dimitir cuando todavía no cobraba ni su primera mensualidad. Solo duró 24 días. Traicionó la confianza de los norteamericanos y cayó de su gracia.

También Donald Trump está cayendo de la gracia de los gringos. Ya ha agraviado a casi todo el mundo, y ha trastocado peligrosamente multimillonarios intereses económicos.

¿Se mandó solo este siniestro personaje?

Me asaltan dos siniestras preguntas ¿Donald Trump se convertirá en el segundo presidente norteamericano en renunciar, a razón de este escándalo político que le quema las manos? ¿O a caso su impopularidad lo hará que corra la misma suerte de Kennedy para convertirse en el quinto presidente norteamericano, víctima de otro crimen de estado?


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