El drama de regresar a México, “la tierra de las oportunidades”, con un costal y la familia rota



Salió por la puerta P de la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) con la mirada cansada, de bermuda, sudadera, tenis y, en la mano derecha, un pequeño costal blanco como toda pertenencia. Dobló de inmediato en dirección a la sala de llegadas y sólo de reojo notó a la promotora de la Secretaría del Trabajo de la Ciudad de México que, en segundos, lo abordó para tomarle datos.

Tiene 28 años, es originario de Guerrero y fue deportado ayer por la mañana de Estados Unidos. Es también el primero de los 135 mexicanos retornados en el vuelo del lunes pasado que abandonó la sala del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en la que, por más de una hora, los registró el Instituto Nacional de Migración (INM).

Escueto, cuenta ante los periodistas que duró tres años en el otro lado de la frontera, que trabajó en la construcción, que cruzó con un coyote por Laredo, Tamaulipas, que se fue por falta de un buen trabajo y que, antes de migrar, vivía en la frontera coahuilense de Piedras Negras como despachador de una tienda Oxxo.

–¡De un Oxxo! –repite, como acentuando la precariedad del puesto.

Se le ve aturdido y agotado. En el AICM lo esperaba desde hacía horas su cuñado, Ignacio Cruz, quien había contado que el migrante tenía el plan de volver a cruzar la frontera en cuanto pudiera. Alvarado, sin embargo, responde a los medios no saber cuáles son sus planes y que sólo desea querer llegar a casa. Una pregunta final sobre los detalles de su estancia de mes y medio en el centro de detención termina por quebrarle la voz y enrojecerle los ojos antes de su último comentario: “Pues tratan bien, pero pues… tratan… lo encierran a uno”.

Como él, otros 18 repatriados fueron ayer entrevistados por el personal de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo de la Ciudad de México que, desde hace dos años, ofrece seguros de desempleo por 2 mil 264 pesos y seguimiento a su retorno a México.

Las cifras de retornados son las mismas desde hace dos años, dice Beatriz Camacho, de 405 personas por semana en tres vuelos que aterrizan cada lunes, martes y jueves desde al menos 2014.

La diferencia desde el triunfo del ahora Presidente Donald Trump, comenta la empleada del Gobierno capitalino, es que cada vez llegan personas más jóvenes, incluyendo estudiantes que, hasta este año, habían sido beneficiados por el Programa de Acción Diferida para Jóvenes, conocido en inglés como DACA.

Los vuelos son parte del programa Somos Mexicanos, del Instituto Nacional de Migración y que promovió el Presidente Enrique Peña Nieto el pasado 8 de febrero, cuando acudió a la misma terminal del AICM y, en privado, de acuerdo con reportes de prensa, les “ofreció todo el respaldo del Gobierno de la República” y les aseguró que México es “una tierra de oportunidades”.

El respaldo que les da programa al llegar, sin embargo, son sólo una “constancia de repatriación”, la Cédula Única del Registro de Población, afiliación al Seguro Popular y, como cargaban ayer los repatriados, una bolsa con una botella con agua, un pan blanco, una manzana y un jugo procesado.


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