'Nunca he visto tanto odio'



Durante cinco años, Nelson Pinos había asistido regularmente a sus citas de seguimiento con los funcionarios de inmigración estadounidenses.

Sus solicitudes para quedarse en el país siempre eran aprobadas, sin embargo, en octubre pasado, todo cambió.

"Quieren que me vaya antes del 30 de noviembre. Quieren que les enseñe un boleto de ida a Ecuador", dijo Pinos a su esposa y tres hijos.

Pinos llegó a Estados Unidos hace más de dos décadas sin documentos, no tenía antecedentes penales, siempre pagó sus impuestos y tiene tres hijos que son ciudadanos estadounidenses. Dos semanas después de su cita de octubre, un agente puso un monitor electrónico alrededor de su tobillo derecho.

Mudarse a Ecuador sería devastador para toda la familia, su vida entera estaba en New Haven, Connecticut. En sólo dos años Kelly, la hija mayor de la familia, iría a la universidad; Pinos no iba a tirar todo eso por la borda llevándoselos a Ecuador.

Pero tampoco quería dejar sola a su esposa con los niños en Connecticut.

El 30 de noviembre, el día en que estaba agendada su deportación, manejó hasta la iglesia Metodista Unida First & Summerfield, en la zona centro de New Haven, y pidió asilo.

Pinos aún tiene el grillete en el tobillo y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) sabe exactamente dónde se encuentra pero está a salvo siempre y cuando se quede dentro del lugar.

Su hijo menor, de 5 años, cree que su papá trabaja en la iglesia y siempre pregunta, por qué su papá no puede venir a casa, también llora cada vez que salen de la iglesia.

Nelson Pinos le tiene afecto a Estados Unidos y a su comunidad, y lo único que desea es una vida mejor para su familia.

Cuando su familia lo visita en la iglesia, Pinos cuenta chistes e intenta hacerlos sentir como si todo estuviera bien, aunque en realidad está triste, se siente solo y no duerme por las noches.

La Junta de Apelaciones de Inmigración, una oficina del Departamento de Justicia, está analizando su caso para decidir si suspende su deportación.

"Realmente no entiendo por qué las personas en este país nos odian tanto. Este año, me he dado cuenta de que no hay tantas personas buenas como creía. La verdad es que nunca había visto tanto odio", manifestó Kelly, hija mayor de la familia Pinos.

"Las personas que apoyan la deportación de padres inmigrantes indocumentados sin antecedentes penales todavía creen que somos violadores o pandilleros. Trabajamos arduamente y nos encargamos de los trabajos que los estadounidenses no quieren hacer", añadió.

En ocasiones Kelly Pinos acude a mítines o reuniones, en representación de mi familia para dar charlas y contar su experiencia.

"Espero que mis palabras capten la atención de alguna persona y realmente la inspiren a hacer algo respecto de la manera en que están tratando a los inmigrantes en este país. Le ruego a la gente que, por favor, tenga compasión", expresó.


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