ECONOMÍA DE GUERRA.

COLUMNA



Por: Alberto Vieyra Gómez.

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AMN. – En 1929 estalló en Estados Unidos la gran depresión económica

que termino hasta 1945, justo con el final de la Segunda Guerra Mundial.

Franklin Delano Roosevelt, quien fue 4 veces presidente de los Estados

Unidos y en ese momento el mandatario número 32° del país de las barras

y las estrellas, se había mantenido neutral en el conflicto armado, pero el

ataque japonés a Pearl Harbor en la mañana del domingo 7 de diciembre de

1941 empujo a Estados Unidos a la guerra y en momentos en que Francia e

Inglaterra estaban a punto de ser vencidos por los países del eje,

conformado por Alemania, Japón e Italia. A partir de ese momento, Estados

unidos suministro armamento de manera brutal a los aliados, incluyendo a

Rusia, las fábricas de alimentos, y las empresas farmacéuticas trabajaban

de sol a sol las 24 horas del día y la mayoría de sus empleados eran

mujeres, puesto que la mayoría de los hombres estaban en guerra.

Los dos últimos años de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos dejo

de producir automóviles hecho que jamás volvió a suceder y sólo la

fabricación de artefactos militares era la que imperaba en Estados Unidos.

Al término de la guerra que dejo más de 58 millones de muertos, la

contaminación de los mares y la devastación de toda Europa y parte de

Rusia, correría a cargo también de los Estados Unidos en lo que se conoció

como el Plan Marshall que convirtió a los Estados Unidos en la primera

potencia económica y militar del mundo.

¿Por qué hago historia?

Mire usted, la guerra de salud pública provocada por el Coronavirus ha

puesto al descubierto que el mundo vive en una nueva y silenciosa

economía de guerra en la que China y Estados Unidos se disputan la

supremacía planetaria.

Para evitar el desastre económico en Estados Unidos, el güero loco, Donald

Trump destinará ¡1 billón de dólares!, para inyectarlo a las principales

empresas para que ninguna de ellas de declare en quiebra, mientras que


China con cuyo gigante asiático. El tío Sam mantiene una guerra comercial

sin cuartel, acaba de comprar casi en su totalidad la mayor parte de los

títulos y las acciones de empresas norteamericanas asentadas en China

que tuvieron fuertes bajas en las estrepitosas caídas de las bolsas asiáticas,

entre ellas las principales empresas canadienses de la minería, y como ya

dijimos en nuestra entrega anterior, China es el principal acreedor de la

deuda norteamericana.

Por si esto fuera poco la guerra comercial Estados Unidos-China que ha

generado ya una economía de guerra que seguramente solo beneficiará a

Estados Unidos y China, el país asiático se prepara para extraer de las

minas de Colombia más de 120 toneladas anuales de oro y en México, tiene

ya otra mina de oro, bueno más valiosa todavía que el oro y está en el

Estado de Sonora ¿Oro en Sonora?... No precisamente, pero estamos ante

un metal que ya es más codiciado que el oro porque con él se fabricarán

automóviles eléctricos, computadoras, teléfonos celulares y todo lo que

tiene que ver con la tecnología del presente y del futuro ¿Ya adivino usted

de que metal precioso estamos hablando?... ¡Se trata del litio! Y Sonora

está nadando en litio tanto que la empresa Bacanora Minerals, es sociedad

con otra empresa china obtuvieron en el sexenio pasado la concesión para

la explotación del yacimiento de litio más colosal que se ha descubierto en

el mundo con una producción de más de 35 mil toneladas por año. El

problema es que Estados Unidos está en este caso como el chinito, nomás

milando mientras que China está inmerso ya, en una auténtica economía de

guerra, y el mundo hundido en la lela con la crisis del Coronavirus.

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