Los artistas son científicos.-Yo-Yo Ma


Yo-Yo Ma probó el más extraño violonchelo que haya tocado jamás: el cuerpo y la cabeza fueron hechos con piezas de ametralladoras recicladas por el artista Pedro Reyes.


"¡De hecho es un buen instrumento!", opinó el violonchelista franco-estadounidense tras examinarlo. Reyes ha transformado más de 7 mil armas en instrumentos musicales con su proyecto artístico.


Después de tocar unas cuantas notas y escuchar su peculiar sonido, en pose de rockero, Yo-Yo Ma exclamó divertido: "Con este violonchelo podría hacer una banda en Ulán Bator".


Un experimento que reforzó una idea lanzada antes por el violonchelista en una conversación sostenida en el Museo Universitario del Chopo que quiso que fuera pública, en la que participaron el director del recinto, José Luis Paredes Pacho, la directora del INBA, Lucina Jiménez, la arquitecta Rozana Montiel y el propio Pedro Reyes.


La conversación giraba en torno a ¿cuál es la responsabilidad de una capital cultural del siglo 21 en relación con las tradiciones locales y los problemas sociales?


"Los artistas son científicos, están tratando de hacer algo muy específico, algo que los demás aún no pueden evaluar. Sabemos qué tan importante es tener una vida interna para poder interpretar al mundo. Los artistas usan su vida como experimento", expuso el violonchelista de 63 años.


Aseguró a los artistas que tendrán influencia en la definición del curso futuro del planeta como lo estarán las ciudades con más de 20 millones de personas como la CDMX.


"La ciudad es como una bestia hambrienta, famélica, que se traga las nuevas ideas todo el tiempo y eso activa la creatividad".


Yo-Yo Ma no quería venir a México sólo a ofrecer un concierto masivo y gratuito en el Monumento a la Revolución. El Proyecto Bach, que lo llevará a tocar por 36 ciudades del mundo, implica una serie de conversaciones e interacciones con comunidades locales. Son los llamados Días de Acción.


Eso lo llevó a La Nana, un laboratorio urbano de arte comprometido alojado en el viejo Salón México, en la colonia Guerrero. Llegó acompañado de su amigo y colega Carlos Prieto y recibido con flores, una representación de paz en la comunidad.


Yo-Yo Ma pronto se sintió entre los suyos. Él que ni en la boda de su hija saltó a la pista de baile, se halló de pronto bailando con el Danzón núm. 2, de Márquez, o se unió al palomazo con Ehya Disonante (Ehya, en hñähñü alegría), la banda de músicos aficionados de La Nana.


"Lo que aprendí es que era un espacio que se convirtió en algo sagrado y secular", dijo. "Un espacio donde antes había un generador de electricidad y que ahora produce seguridad, creatividad para la comunidad", celebró.

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