UNA BUENA Y UNA MALA.

COLUMNA

DE PE A PA



Por: Alberto Vieyra Gómez.

info@agenciamn.com

AMN. – Los primeros versículos del libro de Génesis, en la Biblia nos habla

de que Jehová dios creó la tierra en 6 días y el séptimo descanso

metafóricamente poniéndose a deleitar de la perfección de su grandiosa

arquitectónica universal, incluyendo a la especie humana. ¿Qué nos dice el

pasaje bíblico aplicado en nuestros días? Pues que el séptimo día es

sagrado para todos los mortales que con el sudor de su frente se ganan el

pan nuestro de cada día.

¿A qué viene la cita bíblica? Mire usted, la semana pasada, Andrés Manuel

López Obrador anunció el fin de los puentes largos que han acentuado la

desnacionalización del país y el gandulismo. Por primera vez, debo aplaudir

esta idea del señor presidente porque lo que necesitamos los mexicanos es

trabajar y muy duro, como Jehová dios, los 6 días de la semana y

descansar el séptimo día, es un derecho universal.

Que no se piense que este átomo de la comunicación se volvió un

lambiscón del presidente de la república, no, para nada nadita, todo lo

contrario. La propuesta de AMLO desato a la jauría de la industria turística

que pego el grito en el cielo advirtiendo que la medida arruinaría a esa

industria que gana en promedio unos 400 mil millones de pesos por cada

interminable puente de fin de semana y hay que recordarlo que los puentes

largos fueron creados por la docena trágica panista con dos objetivos:

Primero, desnacionalizar a los mexicanos e ir a la par con el imperio

capitalista del mal para que los mexicanos estemos en ayunas de

conmemoraciones cívicas como la gesta heroica de los niños héroes de

Chapultepec, la Revolución Mexicana, los mártires de Cananea de Río

Blanco que se conmemoraban el 1° de mayo; y en segundo lugar, los

puentes largos serían para beneficiar al sector turístico y otras industrias

que viven de las derramas económicas que dejan los mexicanos a lo largo y

ancho del país pero que están en ayunas de las grandes conmemoraciones

cívicas. La reflexión del presidente es que “las fechas históricas se

conmemoren el día que corresponde” y en ello coincido plenamente con

el presidente.


En una importante Universidad en el país me preguntó recientemente un

joven universitario que, ¿cuál era la diferencia entre los chinos -China tiene

actualmente mil 400 millones de habitantes, menos los que han sucumbido

por el Coronavirus que ya suman mil-, y los mexicanos que apenas

llegamos a 130 millones? Mi respuesta fue muy simple; el 98% de los

chinos se levanta a producir desde un alfiler, un paraguas, un teléfono

inteligente, una computadora o un auto eléctrico con la más alta tecnología,

mientras que los 130 millones de mexicanos nos levantamos solamente a

darle en la madre al país. Esa es la diferencia, con honrosas excepciones

de aquellos compatriotas que chambean bien duro.

Y ya que le entro el presidente a darle duro y macizo al gandulismo, habría

que sugerirle que al magisterio nacional que disfruta de más de 2 meses de

vacaciones al año, se les reduzca a la mitad o menos, de acuerdo con la

antigüedad de cada trabajador del sector educativo, hoy por hoy, uno de los

gremios aristócratas de los gremios y una razón fundamental por la cual la

educación es un desastre nacional. No todo es malo en AMLO, a veces se

le prende el foco, pero eso es cuando Bartlett se la sopla.

Y la mala es que la irracionalidad del señor presidente, que engaña

miserablemente a los mexicanos a tomado el avión presidencial como una

prioridad fundamental de su gobierno, lo cual resulta demencial, habiendo

asuntos torales como el desastre económico, la masacre delincuencial, la

enfermedad de la salud que amenaza convertirse en el Waterloo de AMLO y

en fin que hay casos de extrema urgencia, pero para él lo importante es el

avión, es el avión, es el avión…

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